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La importancia de escuchar.
Juguemos a ser niños.
Viajemos al mundo de la fantasía.
Imagina paseando por la orilla de una playa desierta…
…siente la sensación del agua en tus pies…
Y de pronto…
¡¡Uuuhhh¡¡
Acabas de pegarle una patada a algo metálico.
Miras hacia abajo…
… y ahí está…
… la lámpara de Aladino…
La frotas y sale ese genio que te concederá cualquier deseo…
¡PUES NO!
Al genio le está afectando mucho la crisis actual y solo le quedan dos deseos de los cuales sólo puedes elegir uno.
O hablas muy bien inglés, pero no lo entiendes…
O entiendes inglés perfectamente, pero no puedes hablarlo.
¿Qué elegirías?
Piénsalo bien…
O hablar muy bien y no escuchar…
O escuchar muy bien y no hablar…
¿Qué crees que elegirían los gurús?
¿Cuál de estas habilidades nos ayudaría más a tener una mejor vida?
Para relacionarnos mejor con los demás es mejor escuchar que hablar.
Escuchar nos abre más a los demás y tener conexiones más profundas.
Eso sí, se trata de escuchar…
… no solo oír… que hay mucha diferencia…
Escuchar frente a oír.
“¡Oh, Dios!”. Me digo cuando lo veo.
Es mi compañero de trabajo.
Lo saludo y se pone a hablar conmigo.
“¡Lo sabía!, ahora me va a contar otra vez el rollo…”
Y sí, me cuenta otra vez el rollo…
En realidad, para él no es rollo.
Está dolido con la empresa.
Cree que no lo valoran.
Y está todo el tiempo hablando, erre que erre, de lo mismo.
Así que mientras habla y habla…
… yo hago como que presto atención…
… pero la cabeza se me va en otras cosas…
“A ver cuando acaba este pesado”. Voy pensando.
Me digo que estoy escuchando a mi amigo.
Que lo estoy ayudando.
Pero me engaño.
No lo estoy escuchando, solo oigo como habla.
Escuchar es prestar plena atención…
… pero no desde el oído…
… sino desde el corazón.
Escuchar sin prejuicios ni etiquetas.
Contactar de verdad con la otra persona.
Con toda seguridad mi compañero le preocupa algo…
… o tiene alguna inseguridad…
… o está decepcionado por algo más profundo…
… su queja esconde una profunda vulnerabilidad.
Y ¿sabes lo que nos perdemos con esta actitud?
Nos perdemos conocer grandes personas…
… y establecer grandes relaciones.
Un abrazo a la tristeza.
Susana tenía grandes momentos de desesperanza.
No los mostraba, pero en ocasiones emergían.
A mitad de la noche se despertaba…
… y sin poderlo evitar lloraba.
Su marido la escuchaba.
Era un duro hombre de negocios.
Ganaba mucho dinero.
Siempre mostraba fortaleza y control.
Cuando los hijos abandonaron la casa…
… Susana pidió el divorcio.
Todos se extrañaron.
Y entre ellos sus hijos.
¿Por qué el divorcio?
¿Cuál es el motivo?
Ellos querían saber.
– Por un abrazo.
Les confesó Susana.
¿Por un abrazo? ¿Qué abrazo? ¿Cuándo?
Por ese abrazo que Susana nunca recibió.
En esos momentos a mitad de la noche…
… cuando la tristeza le invadía.
No infravaloremos un abrazo en un momento difícil para un ser querido.
Un abrazo puede desbloquear a una persona.
Porque a veces uno solo necesita una cosa…
… sentirse apreciado.
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