¿CÓMO CONSTRUIR UN MUNDO FELIZ?

«Creo que el propósito de todas las grandes tradiciones no es construir inmensos templos y edificaciones externas, sino crear templos interiores de bondad y compasión, en lo más íntimo de nuestros corazones». (Dalai Lama)

Foto de Marcin Dampc en Pexels

Un día dijo un maestro a sus discípulos: «Soy pobre y débil, pero vosotros tenéis la fuerza de la juventud, y yo os enseño. Por lo tanto, es vuestro deber reunir el dinero que necesito para vivir». Sus discípulos le preguntaron:

―Maestro, ¿cómo podemos hacer lo que pide de nosotros? Las gentes de esta ciudad son tan poco generosas que nuestro ruego sería inútil.

―Hijos míos –les contestó–, existe una forma de conseguir dinero, no pidiéndolo, sino cogiéndolo. En este caso, robar no sería pecado, ya que merecemos más que otros el dinero. Yo lo haría, pero me temo que soy demasiado viejo y débil.

―Nosotros somos jóvenes –dijo uno de los aprendices– y podemos hacerlo. No hay nada que no hiciéramos por usted, querido maestro. Tan sólo tiene que indicarnos cómo hacerlo y nosotros cumpliremos nuestro voto de obediencia.

―Sois jóvenes y es sencillo para vosotros, que sois varios, apropiaros de la bolsa de algún hombre rico. Así debéis hacerlo: escoged algún lugar tranquilo, aseguraos de que nadie os vea, y luego agarrad a un transeúnte y tomad su dinero. Eso sí, no lo lastiméis.

Todos los discípulos partieron a cumplir lo ordenado, pero se pararon al ver que uno permanecía quieto, callado.

Lealtad o integridad

El maestro miró a ese joven discípulo y dijo:

―Mis otros discípulos son valientes y desean demostrarme su amor. A ti, en cambio, poco te preocupa que tu maestro sufra.

―Perdóneme, maestro –contestó–, pero el plan que usted ha trazado me parece irrealizable. Este es el motivo de mi silencio.

―¿Por qué es irrealizable?

―Porque no existe tal lugar en el que nadie nos vea. Aun estando yo solo, mi «Yo me ve». Antes cogería un plato e iría a mendigar que permitir que mi «Yo me vea robando».

Tras oír estas palabras, el rostro del maestro se iluminó de gozo. Abrazó al joven y le dijo: «Me doy por dichoso si uno solo de mis discípulos ha comprendido mis palabras».

Sus otros aprendices, al entender que su maestro les había puesto a prueba, bajaron la cabeza avergonzados. Y desde aquel día, siempre que un pensamiento indigno acudía a su mente, lo expulsaban recordando las palabras de su compañero: «Mi yo me ve».

Así llegaron a ser grandes hombres, y todos ellos vivieron felices por siempre.

¿Cómo construir un mundo feliz?

 En su libro “El arte de vivir en el nuevo milenio”, el Dalai Lama nos da la clave. A través de una revolución espiritual.

El instrumento de la revolución espiritual propuesto en su libro, es la ética. A través de ella, regiremos nuestro proceder. Se trata de valorar el impacto de nuestras acciones sobre los demás y ajustarlas en función de los principios espirituales.

Deseamos ser felices y evitar el sufrimiento. En la medida que actuamos evitando el sufrimiento de los demás y promoviendo su felicidad, crecerá nuestra felicidad. 

Todos estamos conectados. Cada mínima acción tiene un gran impacto en los demás. Y, sobre todo, cada acto nos afecta a nosotros.

 Hablamos de la felicidad genuina, no de la felicidad pasajera. Y esta sólo se consigue con la paz interior y el desarrollo de la compasión hacia los demás.

El objetivo de la felicidad

 No, el objetivo de la felicidad no es tener riqueza y bienes materiales. Ni conseguir la fama y el poder. Eso genera alegría, pero son pasajeras. La genuina y verdadera felicidad la proporciona ayudar a los demás. 

Y para ello tenemos que desarrollar y cultivar una ética personal que nos asegure que no generamos sufrimiento a nadie. La emoción suprema para conseguir la felicidad es la compasión. Con un alma inundada de paz interior y compasión obtendremos la felicidad genuina. 

Matthieu Ricard es un monje budista considerado el hombre más feliz del mundo. Aunque algunos puedan alegar que solo se debe a su práctica de la meditación, en sus entrevistas nos resalta la importancia de la compasión incondicional y constamos su compromiso en proyectos humanitarios.

Cultivar la paz interior

 El primer pilar de la ética al servicio de la revolución espiritual es cultivar la paz interior. Dominar las emociones y no ser presa de ellas. En nuestro día a día con seguridad surgirán inconvenientes que nos generen dolor, enfado, ira, preocupación y miedos. Hay un espacio entre el estímulo y la respuesta.

Podemos elegir responder de forma diferente. Ante un estímulo que nos genera ira podemos responder de forma compasiva. Ante un estímulo que nos genere preocupación podemos responder con serenidad y confianza en nosotros mismo.

Desarrollar la virtud

 El segundo pilar es desarrollar la virtud. Con ello se hace referencia a actuar beneficiando a todos. Evitar los comportamientos egoístas y reemplazarlas por actos altruistas. Ello requiere de disciplina interna. Requiere tener muy claros cuales son los valores éticos que generan la virtud. Y requiere nuestro compromiso en aplicarlos siempre que podamos.

La compasión

 El tercer pilar y quizás el más importante es la compasión incondicional. A través de ella podremos distinguir las situaciones de sufrimiento y desarrollar el impulso de ser virtuosos. A través de ella obtendremos un gran poder interno y se afianzará nuestra paz interior.

El sufrimiento

El cuarto pilar hacer referencia a la disociación entre las situaciones adversas y el sufrimiento. La conocida cita de Buda no lo puede expresar mejor, “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”. Es un deber ético tomar distancia de las situaciones para minimizar su impacto subjetivo interno. 

De esta forma, libres de la cadena del sufrimiento, podemos analizar las situaciones de forma más objetiva para buscar soluciones o, si no las hay, utilizar la adversidad como instrumento de desarrollo personal.

El discernimiento

El quinto pilar los constituye la capacidad de discernir la acción correcta. Ello se consigue a través de la compasión y el conocimiento. Cada situación es diferente que habrá que analizar con conciencia. El factor más importante lo determinará la intención.

¿Qué nos mueve a actuar de una forma u otra? También nos demandará disciplina. Sobre todo, en las elecciones que tengamos que poner a los demás por encima de nuestros intereses egoístas.

Responsabilidad social

Importante será también extender estos pilares éticos al ámbito de la social global. Somos los únicos seres en el mundo con capacidad para destruir todo el planeta. Por lo tanto, también somos los responsables de su cuidado. Tener en cuenta que el excesivo consumismo innecesario deriva en la destrucción de los recursos del planeta.

Así mismo, denunciar y proteger a los más débiles y desfavorecidos del planeta será un imperativo al que nos conducirá el desarrollo de la compasión incondicional.

Nivel de compromiso

Ayuda a los demás dando en lo cada uno estime conveniente en función de su nivel de compromiso. Habrá los que solo den un porcentaje de sus ganancias y habrá que lo den todo excepto lo que necesiten. Cada uno determinará el nivel donde consiga más paz. ¿Hasta qué punto tener más y más cosas nos conduce a la felicidad?

Otro aspecto relevante es desarrollar nuestra actividad profesional, sea cual sea el trabajo desarrollado, con honestidad y servicio. Dar lo mejor de nosotros en cada acto con amor hacia los demás. Realizar todo lo que hacemos con responsabilidad.

Educación

Incidiremos en el mundo y en una mejor sociedad si educamos a nuestros hijos en la compasión hacia los demás. No como un valor espiritual, sino como un imperativo para asegurar nuestra supervivencia. ¿De qué otra manera podemos frenar la destrucción de nuestra sociedad?

Al mismo tiempo, los medios de comunicación deben denunciar la violencia y corrupciones. Ahora bien, evitar la excesiva propagación de forma que al final de a entender que es un proceso habitual y normal en nuestra forma de vivir actual. Exponer y fomentar mucho más el recto proceder y la virtud.

La semilla de la paz mundial

La paz mundial depende de que en nuestros corazones reine la paz. La violencia solo genera violencia. Creemos conciencia sobre ello. En las guerras siempre son los más perjudicados los más desprotegidos. Por eso las personas con compasión no las admiten. Además, el germen de la guerra es el sufrimiento. 

En la medida que desarrollemos la compasión actuaremos en eliminar el sufrimiento ajeno. De esta forma, mitigaremos los conflictos. Siempre existirá conflictos, sí. Para su resolución debemos emplear otras armas menos lesivas. Utilizar el diálogo, el espíritu conciliador y el compromiso por paz.

El papel de la religión

Ya hemos comentando que la espiritualidad no necesita de la religión. Todos los conceptos espirituales que desarrollan el amor, la compasión y la bondad pueden desarrollarse al margen de estas. Ahora bien, las religiones siempre han potenciado y favorido su desarrollo. De ahí que no podamos olvidar su importancia. 

Su función es muy importante en nuestra sociedad, dando consuelo a los necesitados y postulando por la bondad. En nuestra sociedad moderna, donde cada vez se abren más fronteras y se fomenta la comunidad mundial, no hay sitio para la lucha entre religiones. Se aboga por el reconocimiento y respecto de cada una. Dejando a cada individuo su elección sobre la que más se adecúa a ella.

Llamamiento final

Si queremos lograr la felicidad debemos desarrollar la compasión. Es el instrumento para conseguir paliar o evitar el sufrimiento. No podemos ser felices de verdad mientras exista personas sufriendo. Su felicidad es nuestro júbilo.

Por ello, debemos dirigir nuestra mirada y enfocar nuestra atención en cultivar la compasión y el aprecio de los demás. He aquí una plegaria del Dalai Lama:

«Ojalá ser en todo momento y ahora y siempre, un protector para todos los que no tienen cobijo, un guía para los que se han extraviado, un barco para los que han de atravesar océanos, un puente para los que han de salvar ríos, un refugio para lo que corren peligro, una lámpara para lo que no tiene luz, una salvaguardia para lo que sufren acoso y un criado para todos los que pasan necesidades». 

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