SABER ESCUCHAR

«La forma más básica y poderosa de conectar con otra persona es escuchándola. Simplemente escuchándola. Probablemente lo más importante que podemos ofrecer a otra persona en esta vida sea nuestra atención». (Rachel Naomi Remen)

Image by Gerd Altmann from Pixabay 

Jackie (madre de Jeff Bezos) recuerda que cuando Jeff decidió construir un cubo infinito, es decir, una serie de espejos motorizados que reflejan las imágenes de los otros hasta el infinito, ella estaba sentada en la acera conversando con una amiga.
Jeff se acercó de pronto para explicarnos la ciencia que había detrás del cubo y yo le escuché, asintiendo con la cabeza y haciéndole alguna pregunta de vez en cuando.
Cuando se fue, mi amiga me preguntó si había entendido todo lo que mi hijo me había explicado.
Y yo le respondí: “Lo importante no es entenderlo todo, sino escucharle.

El hábito más poderoso

El marco mental de la escucha activa establece que lo más importante para crear buenas relaciones es escuchar al otro. Conocer sus problemas y sentimiento. Ser empático con él y hacerle sentir que lo valoramos como persona. 

Para mí, este el hábito más poderoso para obtener y disfrutar de grandes relaciones. El problema surge de nuestra tendencia natural a ver el mundo como lo percibimos y sentimos nosotros, sin ser consciente que esa percepción y sentimientos, son muy diferentes a la que tienen los demás.

Si deseamos interactuar y establecer una buena relación con alguien, es imprescindible que lo comprendamos. Y que tengamos un aprecio noble y sincero por esa persona. Si esa persona percibe manipulación, engaño o duplicidad, se cerrará a la relación. Se sentirá inseguro. 

No puedo confiar en el diagnóstico y en la ayuda de un médico si no tengo el convencimiento de que ha comprendido en su totalidad mi problema. De la misma forma, la única forma de confiar y que influyan en nosotros es si percibimos su genuino interés, valoración y aprecio. No podemos ayudar a los demás si no comprendemos plenamente su situación.

Confianza y apertura

Para escuchar bien a los demás, tenemos que desarrollar la capacidad de la escucha empática, basada en un aprecio sincero hacia los demás que desarrolle confianza y apertura. Esto en principio parece fácil, pero la realidad es que la mayoría de las personas tendemos a priorizar el ser comprendidos antes de entender a los demás, a dar soluciones desde nuestra perspectiva a integrar las visiones de los demás. 

Al empeñarnos ambas partes en conseguir nuestra necesidad de ser comprendidos, sin esforzarnos por ver los puntos de vista de los demás, convertimos nuestras interacciones en monólogos colectivos. La escucha empática nos introduce en el mundo de referencia de la otra persona. Se esfuerza en ver el mundo como la otra persona lo ve para ponerse en sus zapatos y poder sentirse en lo posible como se siente él. 

En ningún caso se trata de estar de acuerdo. En la fase de escucha empática se deja de lado las evaluaciones y se prioriza el comprender profundamente a la otra persona. No solo se trata de entender los puntos de vista de la otra persona, además implica escuchar los sentimientos, oír con el corazón. 

Necesidad de comprensión

Y te preguntarás apreciado lector: ¿Por qué es esto tan poderoso? Porque, y es algo que todos debemos tener más conciencia, las personas tienen la necesidad el ser comprendidos. Al mismo nivel que para la supervivencia física es comer, para la supervivencia emocional es el sentirse comprendido, valorado y apreciado. 

Por esa razón cuando la persona se le satisface la necesidad psicológica de ser comprendido, se abre la conexión y el entendimiento con la otra persona. También debemos entender que no podemos ayudar a los demás si no tenemos con anterioridad un diagnóstico exacto de la vivencia y sentir de la otra persona. 

La mayoría de las veces, con toda la buena intención del mundo nos apresuramos a aconsejar y ayudar a los demás. Presuponemos de antemano su problema, sin habernos preocupado con anterioridad de haber invertido esfuerzo en conocer y explorar sus puntos de vista y sentimientos. 

Inicialmente nuestras respuestas y valoraciones están determinadas por nuestras vivencias autobibliográficas. Están tan profundamente instaladas en nosotros que no nos percatamos cuando las estamos utilizando. Por ello, debemos controlar estas respuestas automáticas y desarrollar un deseo genuino de entender verdaderamente a la otra persona.

Sentirse escuchado

Y dentro del proceso de indagar, conocer y sentir de forma genuina a la otra persona, hay un aspecto de gran relevancia que se suele menospreciar y es muy poderoso. Más importante que entendamos y comprendamos verdaderamente a la otra persona, es que ella lo perciba. 

Este error suele ocurrir mucho con los niños, podemos llegar a entenderlos y comprenderlos dado que pueden pasar por situaciones que nosotros ya hemos vivido, pero para ellos, lo más importante de todo es sentir, palpar que nosotros tenemos esa empatía con ellos. ¿Cómo se logra esto? 

La técnica más poderosa es escuchar a la otra persona con toda nuestra atención y sentidos, aunque ya sepamos lo que nos va a decir y como se siente, y parafrasear el contenido reflejando el sentimiento. Parafrasear sus pensamientos y sobre todo sus sentimientos. 

Esto producirá milagros a la hora de relacionarnos profundamente con los demás. Es cuando la otra persona tiene la total evidencia de que nos hemos puesto en su lugar y por lo tanto se le proporciona esa profunda necesidad psicológica de comprensión, valoración y aceptación. Ayuda además a la otra persona a elaborar y procesas sus pensamientos. Nos abre el alma.

Abrir el alma

En ocasiones, este proceso de abrir el alma ayuda a la persona a procesar lo que piensa y siente, desenmarañan sus problemas y percibe por ella misma las soluciones. Por esa razón, en muchas ocasiones, las personas no necesitan consejos ni ayuda material. Lo único que necesitan es ser escuchados. 

Y es por eso también que se dice que el mejor regalo que se le puede hacer a una persona es dedicarle tiempo para escucharla. Sin decir nada. Solo escucharla. La escucha empática lleva tiempo. Con el ritmo frenético de vida actual nos supone mucho esfuerzo poder escuchar a nuestros amigos, compañeros de trabajo, familiares e incluso a nuestra propia pareja e hijos. 

Pero tenemos que ser conscientes de que esa fuerte inversión nos va a ahorrar con posterioridad muchos problemas y roces. Además, nos vamos a enriquecer enormemente porque vamos a descubrir enormes diferencias de como nosotros percibimos el mundo y como lo perciben los demás. 

Este conocimiento no solo nos ayudará a mejorar nuestras relaciones, además enriquecerá nuestras vidas. Abriremos la puerta a soluciones más creativas. Se podrán solucionar con más facilidad los problemas. Se abren vías alternativas.

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