EL PODER DE LA INTENCIÓN

A mayor deseo, mayor el amor que debes profesar; así más intensa será la fuerza de atracción que te proporcione las cosas que quieres en tu vida, tanto en tu interior como fuera de él. (Wiilliam Walker Atkinson)

Érase una vez, dos monjes zen que caminaban por el bosque de regreso a su monasterio. En su camino debían de cruzar un río, en el que se encontraron llorando una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo. – ¿Qué sucede? – le preguntó el monje más anciano. – Señor, mi madre se muere. Está sola en su casa, al otro lado del río y no puedo cruzar. Lo he intentado – siguió la mujer – pero me arrastra la corriente y nunca podré llegar al otro lado sin ayuda. Ya pensaba que no volvería a verla con vida, pero aparecisteis vosotros y podéis ayudarme a cruzar…

– Ojalá pudiéramos ayudarte – se lamentó el más joven. Pero el único modo posible sería cargarte sobre nuestros hombros a través del río y nuestros votos de castidad nos prohíben todo contacto con el sexo opuesto. Lo lamento, créame. – Yo también lo siento- dijo la mujer llorando desconsolada. El monje más viejo se puso de rodillas, y dijo a la mujer: – Sube. La mujer no podía creerlo, pero inmediatamente cogió su hatillo de ropa y montó sobre los hombros del monje.

Monje y mujer cruzaron el río con bastante dificultad, seguido por el monje joven. Al llegar a la otra orilla, la mujer descendió y se acercó con la intención de besar las manos del anciano monje en señal de agradecimiento. – Está bien, está bien- dijo el anciano retirando las manos. Por favor, sigue tu camino. La mujer se inclinó con humildad y gratitud, tomo sus ropas y se apresuró por el camino del pueblo.

Los monjes, sin decir palabra, continuaron su marcha al monasterio, aún tenían por delante diez horas de camino. El monje joven estaba furioso. No dijo nada, pero hervía por dentro. Un monje zen no debía tocar una mujer y el anciano no solo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros. Al llegar al monasterio, mientras entraban, el monje joven se giró hacia el otro y le dijo: – Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de lo sucedido. Está prohibido. – ¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? -dijo el anciano – ¿Ya te has olvidado? Llevaste a esa hermosa mujer sobre tus hombros – dijo aún más enojado. El viejo monje se rió y luego le respondió: – Es cierto, yo la llevé. Pero la dejé en la orilla del río, muchas leguas atrás. Sin embargo, parece que tú todavía estás cargando con ella…

Intención de beneficio

En el campo del éxito últimamente se observa un cambio de conciencia. Los estudiosos del éxito se han dado cuenta de que las personas que más éxito consiguen, son las personas con una intención elevada de beneficiar y preocuparse de los demás.

Cualquier acción se puede realizar desde varios tipos de intenciones distintas. La misma acción, con la única variabilidad de la intención, va a generar resultados muy distintos.

Los grandes gurús del éxito hablan de negocios conscientes, de dinero alegre, de propósito de ayuda, de potenciar elevando a los demás y de beneficiar a la sociedad, como las claves para conseguir el éxito en la vida y en las empresas.

Aportar valor

Ya no se habla de cómo conseguir más resultados sino de cómo se puede aportar más valor a los demás y a la sociedad. No se habla de manipulación en la venta, sino de ayuda, de ofrecer servicio. En la mayoría de los casos se usan las mismas técnicas, lo que cambia es la intención con que se aplican.

Podemos buscar el éxito para conseguir ganancias personales, para tener más posición, más poder, tener una mejor imagen exterior y sentirnos más importantes. Todas estas son intenciones válidas. Pero hay otras intenciones.

Podemos buscar el éxito para aportar mejoras a los que nos rodean, conseguir más dinero para ayudar más a los demás, buscar formas de evitar el sufrimiento ajeno y aportar valor a la sociedad. Estas últimas intenciones son mucho más poderosas que las primeras.

Carencia de expectativas

¿Y cómo es posible que se consiga mayores niveles de éxito con unas intenciones que con otras cuando todo se hace de la misma forma? Por el efecto paradójico que con seguridad conoces o lo has experimentado.

Cuando uno se esfuerza al máximo para conseguir un beneficio propio, aumenta sus niveles de tensión y miedo de no conseguirlo. Estas emociones perjudiciales lo van a sacar del foco de la ejecución de su actividad, lo que repercutirán en pobres resultados.

Cuando se enfoca en aportar valor a los demás, no existe necesidad ni expectativa de beneficio, por lo tanto, nos concentramos más en lo que tenemos que hacer y conseguimos más resultados.

Ayudar a los demás

Por ejemplo, si montas un negocio para buscar hacerte rico, tu atención se va a enfocar mucho en los resultados que estás alcanzando y cómo conseguir más margen de beneficios. No pondrás todas tus energías en proporcionar la mayor calidad posible.

En cambio, si lo que busca es montar un negocio para ayudar a los demás y cubrir una necesidad existente, la atención se podrá plenamente en los clientes y tus energías se invierten en tener el mejor negocio.     

¿Qué nos mueve?

¿Cuáles son las intenciones que gobierna lo que hacemos? ¿Es el miedo de perder algo? ¿Acaso el deseo de ser más importante? ¿Es la revancha o el odio? ¿Tenemos una necesidad? ¿Es el amor? Tus intenciones van a condicionar tus resultados y tenemos que ser muy cuidadosos con esto porque la mayoría somos expertos en disfrazar esas intenciones.

Con seguridad nos diremos a nosotros mismos y a los demás que la intención de todo lo que hacemos es el beneficio de los demás, pero podemos esconder dentro de esa fachada una intención egoísta.

LIBRO RECOMENDADO: El poder de lo simple.

Si lo deseas, pon en los comentarios cuál es tu mayor dificultad a la hora de conseguir tus metas y objetivos e intentaré aportar luz en las próximas entradas de este blog.

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