PENSAR BIEN DE LOS DEMÁS

«Los pensamientos de amor nos atraerán el amor de los demás, las circunstancias y acontecimientos positivos de acuerdo con este pensamiento; así como personas con pensamientos parecido». (William Walken Atkinso)

Había una vez una señora que debía viajar en tren.

Cuando la señora llegó a la estación, le informaron de que su tren se retrasaría aproximadamente una hora. Un poco fastidiada, se compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada para la espera.

Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fijamente al joven.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora a los ojos y sonriendo, se la llevó a la boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo fijamente.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de que solo quedaba una galleta, y pensó: «No podrá ser tan caradura» mientras miraba alternativamente al joven y al paquete. Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos. Con un gesto amable, le ofreció la mitad a su compañera de banco.

-¡Gracias! -dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta.

-De nada -contestó el joven sonriendo, mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: «¡Qué insolente y maleducado! ¡Qué será de nuestro mundo!» De pronto sintió la boca reseca por el disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.

El efecto Pigmalión

Tener una actitud exitosa implica pensar bien en las personas. Las expectativas que albergamos hacia los demás tienen un gran poder de influencia en ellos. A este efecto se le denomina “efecto Pigmalión” y está extensamente documentado, sobre todo en el campo de la Educación. El nombre se debe al mito griego de Pigmalión, un escultor que se enamoró de una estatua que había creado y, al final, esta cobró vida.

Aplicado a todas las personas de nuestro entorno elevaremos a los demás a desarrollar un desempeño más alto. El aprecio a los demás nos será devuelto en reconocimiento. El éxito depende de los demás. Por ese motivo debemos cultivar en nosotros mismo un genuino aprecio hacia todas las personas que nos rodean.

Sí, solemos criticar a los demás con el engaño de mostrarnos mejores. Pero en realidad, las mejores personas son las que hacen más grandes a los demás.

Tres ideas poderosas

Te comparto tres ideas poderosas para tenerlas en cuenta cuando tratemos a los demás. La primera es reconocer el hecho de que ninguna persona es perfecta. De hecho, la imperfección es una de las características que nos hace más humanos. Pero, además, todas las personas tenemos algún talento o grandeza en algún aspecto concreto. Toda persona es un ser muy valioso por el simple hecho de existir.

La segunda idea es reconocer que los demás tienen razones para ser diferentes a nosotros. No tenemos que estar de acuerdo con los demás, pero debemos respetarlos y nunca denigrarlos por sus creencias o costumbres diferentes. Cada persona actúa siempre con el mejor de su conocimiento y desarrollo personal. Sentirse valorado por personas que actúan de forma diferente a la nuestra es tener una conciencia limitada. Al ser todos diferentes, ninguna forma de actuar es mejor que otra.         

Y la última idea es vivir según nuestro criterio y dejar vivir a los demás según los suyos. No nos empeñemos en convencer a los demás que nuestro punto de vista es el correcto. A nadie le gusta que lo corrijan. Tenga su opinión propia, pero si no es necesario, guárdela para sí mismo. Las personas aman a las personas tolerantes.

Empoderar para crecer

 Si pensamos de forma recta encontraremos en los demás sus puntos fuertes y valoramos más sus talentos. Al mismo tiempo que encontramos motivos para admirar a los demás, nuestros reconocimientos y aprecio también aumentarán, generando una espiral de actitud positiva.

Como los demás siempre, aunque sea de forma inconsciente, captan nuestras actitudes hacia ellos, generaremos grandes expectativas y los haremos crecer. Y no debemos olvidar, si las personas que nos rodean crecen, nosotros también.

         Nosotros somos los dueños de nuestros pensamientos. No olvidemos que las actitudes que tengamos a los demás serán detectadas por ellas y ejercerán influencia. Si nuestros pensamientos son negativos con los demás, nuestras relaciones serán frías y asentada en posiciones defensivas. Si nuestros pensamientos hacia los demás son positivos, generaremos relaciones más cálidas y afectuosas.

El tener mejores relaciones nos llevará a conocer mucho mejor a las demás personas. Este conocimiento no ayudará a tender puentes de mutua colaboración muchos más efectivos. Generaremos beneficios para todos.

Apreciado lector, obtener una mentalidad imparable te ayudará a conseguir tus sueños. ¿Te lo vas a perder?

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